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La
cría de ranas puede ser alternativa rentable.
Por: Laura Luccini
Directora de la Dirección Nacional de Acuicultura de la SAGPyA
El cultivo de ranas o "ranicultura" se inserta dentro del contexto general
de la acuicultura, término que se refiere a la actividad que abarca el cultivo
de organismos acuáticos, sean de origen vegetal o animal.
Cultivo de la rana toro (rana catesbeiana), especie que ofrece mayor respuesta
actualmente en cuanto a crecimiento en cautiverio, trata justamente de un
cultivo de carácter "superintensivo", ya que mientras el preengorde se realiza
a una densidad que puede variar entre 150-300 ranitas/metro cuadrado o más,
según algunos productores (promedio de 30-40 g al inicio), el engorde final
hasta el peso requerido comercialmente (180 g promedio faenado) es logrado
con densidades de 80 individuos/metro cuadrado, pudiendo realizarse en cualquiera
de los tres sistemas más empleados en este tipo de cultivo: a) corral semiseco,
con pileta; b) corral totalmente inundado y c) cajas, boxes (también denominadas
bandejas) con área seca y área acuática.
En todos ellos, el agua deberá ser circulante para su recambio en mayor
o menor grado, dependiendo de la densidad de animales que se coloquen y
del tipo de sistema empleado. De no utilizarse un sistema de cultivo superintensivo,
la rentabilidad es nula. Se debe tener en cuenta, que en ranicultura, el
cultivo trata de "animales totalmente distintos dentro del ciclo": renacuajo,
imago, rana; para alcanzar el estadio final de rana, se pasa a través de
una "metamorfosis", en la que un animal herbívoro (renacuajo) con alimentación
vegetariana, largo intestino, que respira por branquias (captando el oxígeno
disuelto en el agua), se pasa a un animal (rana) de hábitos totalmente carnívoros.
Actualmente, solamente se utiliza una parte del animal (su carcaza), descartándose
el resto en la práctica diaria. Por lo tanto, existe una pérdida del producto
al momento de faena, por lo que en realidad el productor ha invertido mayor
cantidad de alimento en parte de rana, que se desperdiciará. Como el kilo
de alimento balanceado disponible en nuestro país cuesta en promedio $ 1,10/kg,
cada kilo de carne de rana faenada le costará cerca de $ 6. Por otra parte,
no deberá contabilizar ventas de subproductos (cueros, hígados, intestinos)
porque hasta el momento y a la cantidad de producto producido, no existe
posibilidad de contar con entradas provenientes de este tipo de subproductos.
Ranitas A su vez, deberá contemplar que el costo del mantenimiento que insume
la obtención de ranitas vivas (rango de 20 a 50 g) es de $ 0,10/gramo, por
lo que cada individuo de peso promedio 30 g costará $ 0,30 (de producción
o compra). Esta es la ranita que el productor podría adquirir para entrar
directamente en la fase de preengorde y continuar el ciclo hasta el peso
de venta, realizando su engorde final hasta el peso de comercialización
en mercado interno central o regional.
En ranicultura, las mayores pérdidas naturales, o por
mal manejo de las fases o sistemas, o por mala nutrición, se obtienen a
partir del inicio de incubación de los desoves ya fertilizados, hasta la
obtención de los imagos (inmediatamente luego de la metamorfosis) y, especialmente,
al comienzo de la alimentación de estos últimos (el imago debe aprender
a ingerir alimentos, pues luego de la metamorfosis recién finalizada, carece
aún de boca formada para ingestión). La tasa de mortalidad durante la fase
del ciclo que abarca el preengorde y engorde puede alcanzar a menos de 40%,
según datos de productores de la Asociación Argentina de Ranicultores. Estas
pérdidas se disminuirán con el aprendizaje diario y los cuidados aportados.
Cuando se cultivan ranas desde el peso de 30 g promedio, hasta el de 200
gramos (a la faena), existirá un porcentaje bajo del total de individuos
que participarán de la llamada "cabeza de lote" (los primeros en alcanzar
peso de faena). Ellos mostrarán un crecimiento más alto y, por lo tanto,
una salida más rápida al mercado consumidor. Inmediatamente por detrás,
se mostrará el grupo más amplio que ocupará el centro del lote (conocido
como "media"); y luego, un grupo pequeño, situado a la cola, que no alcanza
o no alcanzará nunca en forma rentable el peso de faena estimado previamente,
durante el período analizado ("cola de lote").
No existen datos estadísticos concretos y publicados, pero la experiencia
de varios productores de la asociación indica que 20% se comporta como "cabeza
de lote"; 65%, como media; y 15%, como cola de lote (en general, es lo mismo
para todo cultivo de organismos acuícolas). Estos resultados pueden ser
atenuados y mejorados en el curso del cultivo y su continuidad, logrado
por una selección apropiada y un mejoramiento genético; sumado a la experiencia
que aportará el propio productor; pero de todas formas, aun siendo más parejo
el crecimiento y mejorándose la respuesta, la curva de crecimientos mostrará
siempre el mismo tipo, disminuyendo, probablemente, el porcentaje de "cola
de lote" en el tiempo.
Resumiendo, podemos decir que si se parte con un lote de ranas, efectuando
solamente las fases de preengorde y engorde, 80% promedio se comercializará
a la faena inmediata a precio de "primera calidad". Si se trata de animales
de 200 gramos (10 ranas/kilo), 20% restante se venderá como de "segunda
calidad". Según los datos obtenidos y analizados por la Asociación Argentina
de Ranicultores, el costo de kilo de ranas en criadero, sin contemplar otros
ítems, se estima inicialmente en $ 16/kilo. Ahora bien, a este costo de
producción se deben sumar otros originados en diferentes supuestos, si realmente
se realiza un análisis económico serio y se plantea un ranario que pueda
producir ganancias con éxito.
En ranicultura, así como en otros cultivos acuáticos, la incidencia en el
costo, derivado del alimento ración empleado, es alta (entre 50% y 60% del
costo operativo de la producción), y con más razón para un sistema de cultivo
superintensivo. El ítem correspondiente a la mano de obra se ubica en segundo
lugar, porque deberá estar en sintonía con el correcto gerenciamiento de
la producción y porque casi no existe mecanización alguna posible, por el
momento (sólo 1 ranario en la Argentina lo está intentando con éxito). Mantenimiento
El resto de los costos operativos, correspondiente al mantenimiento (como
la energía para el bombeo del agua; la correspondiente a la climatización
del ambiente o del agua; la producción de alimento vivo si correspondiere
(o el costo del alimento flotante; así como otros ítems), constituye un
porcentaje menor comparado con los anteriormente señalados.
Como ejemplo, se considera que un engorde total de 30.000 animales, necesita
contar con 80 horas/hombre/semanas de trabajo. Tal engorde produce 300 kilos/semana,
por lo que se insumirían 80 hs/300 kg, lo que significará 0,27 de hora/hombre.
Esto es, un costo cercano a $ 1/ kilo de animal faenado, dependiendo de
las condiciones de trabajo que se obtengan localmente, que pueden incidir
positiva o negativamente sobre el costo total de la mano de obra. Esta mano
de obra se mantiene igual si se duplica la producción a 60.000 ranas y puede
disminuir en el caso de trabajarse en forma familiar. De esta forma, el
kilo de rana producida se elevará a $ 17. El producto elaborado, de buena
calidad, estará destinado a un mercado que lo consuma por ser "gourmet",
producto exótico y últimamente por tradición de las etnias asiáticas (ventas
en vivo).
El nivel adquisitivo de los consumidores deberá ser, por tanto, alto. Para
restoranes de primer nivel en donde se pueden obtener precios (al productor)
de entre $ 18 a $ 22/kilo, dependiendo del costo exacto del producto en
el productor y según la cantidad de ranas en cultivo). Este mercado solicita
producto (existe demanda actual), siempre y cuando la oferta sea de excelente
calidad, con packaging sencillo pero bueno, seriedad sanitaria, mantenimiento
de cadena de frío y continuidad de oferta. Este último punto es de suma
importancia y deberá ser respondido por el productor. La continuidad en
el abastecimiento al mercado es imprescindible. Especialmente en la ciudad
de Buenos Aires, se puede apuntar a un volumen de cerca de 10 a 20 kilos/semana
o más, en la actualidad.
La infraestructura necesaria para cumplir estas premisas está lejos de ser
alcanzada por el productor solitario y artesanal, ya que este último se
verá obligado a comercializar su producción en forma local y discontinua,
dependiendo, además, en este caso, de la competencia proveniente de la rana
de pesca o caza, especialmente en aquellas zonas donde tal actividad es
normal y tradicional.
Fuente: Ambito Web
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